– ¡Vamos pueblo, vamos a luchar, contra este gran jefe que nos tiene que escuchar!
– ¡¿Qué pasa, compadre Indiscreto?! ¡¿A qué viene este escándalo?! ¡¿Por qué anda gritando, así como loco?!
– ¡Venga, compadre Ulbio! ¡Vamos a la marcha! Acabo de venir del centro y está un griterío que uno se contagia también.
– ¡¿Marcha?! ¿De qué pues compadre? ¿Por qué? ¿Contra quién? Si se puede saber.
– ¡Pues… contra el gran jefe! Los moradores de la parroquia El Triunfo están con todo el ánimo, que gritan y lanzan consignas contra su majestad, el príncipe de las grandes obras.
– ¿Y eso por qué? ¿Diciendo qué están con el ánimo encendido? ¿Qué bicho les ha picado?
– Una serie de bichos, compadre. De lo que pude escuchar; dicen que hay promesas incumplidas, obras inconclusas. Que los recursos de la ordenanza 113 no les entrega; que los tiene que ya, ya, que ya mismo, que ahora es cuando, y nunca llega nada. En fin, el pueblo se ha cansado y le vinieron a gritar en las propias orejas.
-¿Y su majestad qué dice a todo este alboroto? ¿Les escuchó? ¿Salió a recibirlos? ¿O qué?
– ¡Nada compadre! Mientras ellos vienen, él ha ido para allá, a territorio; a dialogar con los que se han quedado y a regalar galones de Bíol para los cultivos y a conversar con los vocales de la junta que son contrarios al presidente.
– ¡Ele! Como dice el dicho: “Mientras tú recién estás de ida yo ya estoy de regreso”.
– Exacto. Mientras ellos estaban acá que se mataban gritando; el gran jefe, todo tranqui, turisteando y tomándose unas fotos en el mirador de El Triunfo que es muy bonito y que se construyó con su apoyo. Como quien dice, aquí están las obras… ¡Cómo es que dicen que no hago nada! Además, ha dicho que todo este relajo tiene un tinte político, porque este año es clave para las elecciones y por tanto quieren hacerle sombra a su trabajo.
– Pero… si no les entrega los recursos de la ordenanza, que por ley les corresponde, como ellos reclaman… ¿Dónde está el tinte político?
– Eso ha dicho que es culpa de ellos mismo. Es decir, del presidente de la Junta, que no ha presentado el proyecto a tiempo. Ha venido a entregar ya en el mes de noviembre, casi para terminar el año y quiere que se le dé los recursos inmediatamente. Por otro lado, dijo que el presupuesto depende de las remesas que vienen del gobierno, las cuales llegan a cuenta gotas y conforme va llegando se va distribuyendo.
– O sea que hicieron el viaje en vano; nadie los escuchó ni los recibió. ¡Para eso mejor lo hubieran esperado allá mismo! Y le hacían todos los reclamos y no teníamos por qué enterarnos, como se dice, los trapos sucios se lavan en casa.
– Yo no entiendo compadre; el presidente del GAD Parroquial dice: “Yo no tengo nada contra el gran jefe, no sé porque me odia”; su majestad también dice lo mismo: “Yo no tengo nada contra el presidente, no sé porque me tiene bronca”. Es decir, están como mal casados, peleando sin saber ni por qué pelean.
– Como quien dice: el odio es mutuo, pero no saben ni por qué se odian, jeje. Como cuando su mujer le da una bofetada y usted le pregunta: “Mujer… ¡¿Por qué me pegas?!” Y ella le responde: “Solo por si acaso”, jeje.
– Al parecer, el presidente del GAD Parroquial quería el apoyo para ser consejero provincial, que tal parece que no se lo concedió, y desde ahí viene el resentimiento. Pero, como dice el jefe, “eso no depende de mí”, sino de un consenso entre todos los presidentes que eligen a sus representantes y en ellos está la última palabra.
– Pero eso se dice de dientes para afuera. Quién sabe lo que pasa tras telones.
– Pero bueno,… finalmente ha salido humo blanco y el prefecto ha decidido recibir a los moradores protestantes de El Triunfo…
– ¡¿Solo a los protestantes y no a los católicos?!… ¡Eso es segregación religiosa!
– ¡Noooo! Me refiero a los que protestaban.
– Ahhhh…
– Así que se ha dado el diálogo, con la novedad de que cada quien depuso posiciones, ya no hubo reclamos ni acusaciones sino alabanzas mutuas. Las autoridades se dieron la mano, fumaron la pepa… digo, la pipa de la paz; y con mucho ánimo lograron acuerdos, al final juntos para la foto del recuerdo y colorín colorado, el cuento se ha acabado.
– ¡Qué bueno que en El Triunfo haya triunfado la concordia!.
