La propuesta de reformar el COOTAD está enfocado a mejorar la eficiencia de los GADS, para cubrir principalmente los servicios básicos, y que no se enfoque las asignaciones en gasto corriente o que tampoco sea utilizado para shows politiqueros, que analizando la propuesta estaría perfecta, pero esto no se acaba aquí, siempre hay una leguleyada escondida.
En realidad se pretende reducir los porcentajes que actualmente reciben los GADS, siendo este el 21% de los ingresos permanentes y del 10% de los ingresos no permanentes, teniendo en consideración que en la Carta Política solo se habla de un 15% y 5%, el trasfondo es la manipulación de los gobiernos seccionales pretendiendo que nuevamente se centralice las asignaciones y se regrese a las épocas en donde desfilaban las autoridades de elección popular mendigando una asignación presupuestaria para tal o cual obra.
Más allá de eso no solo se va a convertir en el asignatario si no también el ministerio de economía será quien revise que las asignaciones otorgadas sean solo un 30% para gastos corrientes, y no como se acostumbra para cubrir cuotas políticas o campañas electorales, ofreciendo nombramientos, un 70%, en letras se aprecia un poco lógico y hasta aplaudible.
Primero, se debería considerar que las asignaciones no se encuentran acreditadas por completo, para poder pretender revisar y controlar el gasto de los recursos asignados, acaso esto no es una forma de centralismo totalitario, que pretenda a conveniencia otorgar asignaciones que les corresponden por ley, y que aun así no son asignadas bajo el criterio de emergencia en la seguridad del estado, si en minúsculas.
Si con asignaciones completas o cuasi completas, por ser afines al gobierno, no se ha podido evidenciar la ejecución de la obra pública, peor aún si se está esperando las migajas del gobierno central, que clásico de la oligarquía lanzará sobras tras chantajear políticamente a uno que otro GAD que no esté pintado de morado.
Ahora bien, bajo el concepto de falta de asignaciones presupuestarias se están sacrificando obras de interés público, sueldos consignados a sus trabajadores en dos o tres meses, en el mejor lugar del mundo se ha denunciado la falta de ejecución de obras así como del parque central, icono del cantón, que con oídos sordos bajo las plumas las quejas han quedado en el aire, y a quien se atreve a denunciarlo se le pretende callar amenazando “que muerde la mano de quien le dio de comer”, es en serio.
EL mutismo colectivo social es cómplice de que se siga aplaudiendo estos actos, como diría mi coterráneo “Pueblo: Si los que te gobiernan dejan de ser gobernantes, se convierten en verdugos, te chupan la sangre y te ofenden y mancillan, la revolución es un derecho de los tuyos, ejércelo.”; Hasta para intimidar hay que saberlo hacer y no evidenciar que las palabras te duelen.
Por: Edwin Mosquera G.
