– ¡¿Y, compadre Ulbio?!… ¿Qué hace aquí a estas horas de la noche afuera de la casa y con vela en mano? ¿Acaso se le fue la luz o se le rayó el tejo de remate?
– ¡Calle, compadre Indiscreto! ¡No me interrumpa! Estoy sumándome a la gran vigilia por la paz.
– ¿Y desde cuando a mi compadre le interesa la paz en medio oriente? ¿Cómo así le entró las ganas de orar por la paz?
– ¡Qué medio oriente ni que nada! Estoy orando por la paz y la tranquilidad de mi hogar, para ver si Dios me hecha una manito; porque, lo que es yo, estoy que no resisto más. Adentro la cosa está más fea que la guerra contra Irán.
– ¡Chuta, compadre! ¡¿Tan fea está la cosa?! Pero, en un conflicto siempre tiene que ser entre dos bandos. Algo ha de hacer usted para que despierte el lado agresivo de su esposa. No ha de ser loca para hacer problema sola, como quien dice: por las puras.
– ¡Ella pelea por las puras! ¡Por la nada! ¡Por si acaso y por todo! Si hasta parece que nació en Israel, hecha para la guerra… ¡Lleva el conflicto en la sangre!
– Pues, mándela a medio oriente, entonces. Allá necesitan gente para la guerra. Dígale al Trump que se la lleve, que es buena para un combate, que dura semanas peleando y, lo que es más importante, nuca pierde… ¡Siempre sale ganando!
– ¡Ay, compadre! Si eso fuera posible hace fu lo hubiera hecho; pero como no es así de simple, aquí estoy con la vela en la mano y orando. Mejor venga ayuda a hacer oración para que se acabe la guerra, vuelva la paz a mi casa.
– O sea que usted quiere volver a respirar aires de calma y tranquilidad y que todo vuelva a la normalidad, así como en el IESS.
– Efectivamente, compadre… Pero, no sé qué tiene que ver el IESS en todo este enrollo. ¿Por qué mete al IESS en la colada?
-Es que, a ellos, Dios les ha escuchado más pronto que a usted. Tenían una directora déspota y prepotente, más brava que su mujer y finalmente, esta semana, ya la han destronado del poder.
– ¡Esa sí que es una buena noticia! Como dice el dicho, más vale tarde que nunca. Por fin se han librado de esa mujer que nadie sabía cómo llegó ni qué la sostenía tanto tiempo en el poder.
– ¡Para que vea, compadre! Como dijo santa Sixta: “No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”.
– Y, ¿cuál es esa santa, compadre? A ver si me hace el milagrito a mí también…
– Solo es un decir… ¡Demás, usted también!. Pero, ¿se acuerda de los escándalos que había y nadie hacia nada? ¿De las denuncias de prepotencia y acoso laboral que nadie decía nada? Parecía invencible la señora, nadie la movía del poder.
– ¡Cómo no me voy a acordar, compadre! Si hasta se viralizó en las redes sociales el caso de maltrato en que le gritaba a una pobre servidora. Y cuando llegó al hospital pateando la puerta y gritando a Raymundo y todo el mundo. Y seguía campante en el poder ordenando como mayoral en hacienda. Si hasta la máxima autoridad de la provincia decía que ya no sabía qué hacer ni a dónde acudir, que ya la reportó a todos los niveles: local, medio y hasta en las altas esferas, pero que no sabe quién la sostiene en el poder ni a qué santo se encomienda…
– Pues, para que vea, compadre… La invencible, la intocable, la que nadie podía mover del cago; finalmente fue removida y se acabó la noche oscura en el IESS. Ahora todo volvió a la calma y tranquilidad; los funcionarios felices saltando de alegría.
– ¡Qué envidia, compadre! Así quisiera que Diosito me oiga a mi también, que se acabe esta noche oscura y venga un nuevo amanecer, que pueda entrar a mi casa y que no haya ni gritos, ni reclamos, ni nadie que me lance los platos.
– ¡Uf, compadre! ¡Mucho está pidiendo! ¡Eso ni cambiando de mujer! Je, je. En el caso del IESS, se podía removerla del poder; pero en su caso…. ¡Uuuuu! ¡Ni que fácil fuera! Todas son cortadas con la misma tijera.
-No me haga perder las esperanzas compadre, tengo fe que todo cambiará; que, si Dios escuchó a los del IESS, a mí también me escuchará…
– Pues, siga haciéndole a la lucha compadre; que, si en el IESS, Dios les quitó a la mama lucha… A ver si a usted también le escucha.
– Mejor páseme el contacto de esa santa Sixta, compadre, para ver su me hace el milagro.
– Aguante nomás compadre, que así es el matrimonio. Si se metió de soldado, aguante como los machos; que, así como va, ya pronto terminará en el IESS.
– ¡¿Qué?! ¡¿De nuevo director o qué, compadre…?!
– ¡Noooo! En una cama del hospital; je, je.
