– ¡Compadrito Indiscreto! ¡Sáqueme de un apuro! ¡No sea malito! ¡Le suplico, por favor!
– ¡Uf! ¡No, no, no, compadre Ulbio! Esos apuros suyos han de ser de carácter económico. ¡No quiero ni saber!
– ¡Compadre! ¡Escúcheme un ratito! Estoy en una encrucijada sin saber que hacer ni para dónde coger.
– ¡No quiero ni escucharle! ¡Ya le dije que de asuntos de plata nada que ver! Vaya nomás por la sombrita o busque otro pato que le salve.
– No es asunto de dinero, compadre; es más bien asunto sentimental, de vida o muerte.
– ¡¿Qué?! ¡¿Está enfermo?! ¡¿Ya quiere estirar la pata?! O, ¿por qué dice que es de vida o muerte?
– Verá, compadre, se lo voy a contar: pues resulta que a mi mujercita se le ha metido en la cabeza que quiere poner un bazar al frente de la casa, y para ello quiere que le construya un local con puerta hacia la calle. Pero la ley no nos permite porque no da la línea de fábrica. Ya consulté y me dijeron que ni pensarlo. Pero ella no quiere entender, se ha empecinado en eso y está que pelea todos los días: que yo no le apoyo, que no le colaboro, que esto que el otro; al punto que ya no me deja ni dormir en la cama.
– Como que ya medio le entiendo, compadre; esa sí que le tocó difícil. Pero…, ¿qué pito toco yo en ese entierro? ¿Cómo quiere que le ayude?
– ¡No le digo, compadre! Estoy entre la espada y la pared. Si le doy el gusto a mi mujer y construyo el local, obviamente tendré problemas con el municipio y tendré que pagar una fuerte multa; pero, si me allano a la ley, tendré problemas con mi mujer, lo que es peor. ¡No sé que hacer! Y pensé, si usted que es una persona elocuente, conocedora de todo, a ver si me da una manito y la hace entrar en razón.
– O sea… ¡Bonita la pendejada! Usted se lava las manos como Pilatos y me hecha el muerto a mí, para que lidie con su mujer… ¡Muy vivo está! Esto está igualito a lo que le pasó a nuestra asambleísta Mari Cris el pasado fin de semana en el tema de la aprobación a la reforma de la Ley del Cootad.
– ¡¿Qué?! ¿A ella también la pusieron entre la espada y la pared?
– Digamos que sí, como ella mismo lo posteó como “un conflicto de intereses”. Ella, que es de la bancada del Gobierno, tenía que estar a favor de la aprobación de la ley; pero, como esta reforma afecta a los gobiernos seccionales, para poder votar tendría que estar en contra de su propio esposo, el prefecto. O, a la inversa, allanarse al criterio de su esposo y del pueblo de Pastaza, pero a la vez votar votar en contra del gobierno.
– ¡Chúsica! Eso sí que es un verdadero conflicto. Y, al final, ¿cómo votó?
– Quiso usar su misma táctica de lavarse las manos como Pilatos y mandar a otros a que asistan a la sesión; pero nadie le acolitó. Su alterno, Sergio Jurado, se excusó porque su esposa dizque ha sido teniente política, como quien dice trabaja para el gobierno.¡Ya ni modo! La segunda alterna también se negó porque se dio cuenta que solo la estaban usando de comodín y, más viva, dijo “nada que ver”, a otro con ese muerto. Y, el tercero, la misma vaina. Al final, el asiento estuvo vacío y nadie asistió y la ley se aprobó sin el voto de Pastaza.
-¿Y Cuál es la bronca con esa ley que la asambleísta no quiere tomar partido? Explique a ver si entiendo un poco.
– Dudo que lo entienda, ya que es medio caído; pero hagamos el intento. Verá, entre otras cosas, obliga a municipios y prefecturas a no utilizar recursos del estado para obra social y festividades; por lo cual, se acaban las fiestas costeadas por las autoridades con plata del pueblo y al menos destinar el 70% de los recursos que reciben solo para obras de cemento.
– ¿Eso quiere decir que… por última vez bailamos en este carnaval?
– Así es, compadre. Y espero que haya bailado bien, porque con esta reforma se acabaron los recursos para celebraciones como fin de año, carnaval, turismo, fiestas de aniversario… ¡A cada rato en fiestas! Ah, y también los recursos para las efemérides parroquiales… ¡Todo eso se acabó!
– Que mala noticia, compadre. Con razón el prefecto no estaba de acuerdo, si la prefectura era la que más y mejores artistas traía. Ahora las fiestas sin verbenas populares, sin artistas y sin ferias ya no serían fiestas. Ya solo nos dejan con la sesión solemne y quizá el desfile. ¡Esto está peor que bailar entre hombre! Bien que la asambleísta mejor se ha escondido.
– Y ahora, con el problema que le hace su mujer, haga usted lo mismo. Hágase el desentendido, como que no es con usted la cosa y dele largas al asunto hasta que se olvide… ¡O mejor cambie de mujer! Y, con eso, asunto arreglado.
– Si lo había pensado, pero a veces resulta que se sale de Guatemala para caer en Guatepior…
Entre el amor ya la ley… conflicto de intereses
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