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Ni en días santos faltan las peleas de gallos

por Andres Ortega

– ¡COMPADRE INDISCREEETOOO!… Toc, toc, toc. ¡¿Está en casaaaa?!… ¡COMPADRE!… Toc, toc, toc.
– ¡Momento, compadre! ¡¿A qué se debe el alboroto?! Poco más y tumba la puerta. ¡¿Qué le pasa?! ¡¿Le debo algo o qué?
– Es que ya llevo un rato llamando y nada que sale. ¿Por qué se esconde?
– ¡¿Esconderme yooo?!… ¡¿De usted? Ja, no me haga reír que me arrugo. ¡Ni que usted fuera la llorona!
– ¿Y entonces por qué no sale? Ya media hora llamando y no sale. Y bien que ha estado adentro.
– O sea que uno no pude estar ocupado, haciendo sus necesidades personales, un rato sentado en su trono y de paso revisando las noticias.
– ¡Ah! ¿Era eso, compadre? Disculpe. Con razón ya me extrañaba que no salga si habíamos quedado en vernos a para ir a los gallos. Yo pensé que se me estaba haciendo el escurridizo.
– Bueno, hablando de trono y escondidas, justo estaba leyendo la historia de un príncipe que se ha ido a visitar a su colega de la comarca de al frente; al otro lado del río también ha habido un príncipe más sabido que el de acá.
– A ver, cuente compadre… ¿Y cuál era el motivo de la visita? Porque entre príncipes siempre hay protolocos…, digo protocolos, cortesías y una razón del por qué.
– Pues, resulta que el príncipe de este lado, tenía la magnífica idea de construir un puente que una a ambas dos comarcas para generar más hermandad entre los dos reinos, y habían acordado reunirse para tratar el asunto.

– Eso me parece fantástico, un puente siempre es positivo, genera progreso y desarrollo.
– Resulta entonces que el príncipe de este lado, muy emocionado, contento y con todo el ánimo, fue con toda su corte a visitarle a su colega, con ofrendas y todo. Pero al llegar al palacio… ¡Desolación total! Nadie salió a recibirlos, solo sonaban grillos y chicharras… ¡Ni un alma!
– ¡Ele! ¡¿Desapareció? ¿O será que también se metió al baño, así como usted? Puede ser…
– Todo es posible en el campo de las posibilidades; porque no se explica cómo, después de haber acordado, lo haga hacer viaje en vano y brillar con su ausencia, y no haya nadie que lo reciba. ¡Ni un asesor, ni un director, ni mandos medios! ¡Nadie mismo!
– De pronto comieron algo que les hizo daño y toditos salieron despavoridos a buscar el baño más cercano. ¿Y qué hizo el príncipe plantado?
– Se tomó unas cuantas fotos, hizo unos en vivo con su celular, para que quede constancia que ahí estuvo. Apenas alguien por ahí supo informarle que dizque andaban de vacaciones.
– ¡Qué malcriado ese príncipe plantilla! ¿Y luego?
– Luego bajó del palacio al pueblo y se dio un baño de popularidad; la gente apenas lo vio se le amontonó para saludarlo. Querían fotos, autógrafos, abrazos… ¡Como si fuera Luis Miguel! Cosa que hasta los mismos que le acompañaban quedaron admirados que sea más popular ahí que en su propio reino.

– ¡Qué maravilla, compadre! ¡Eso sí que ha estado bueno! Bien dicen que nadie es profeta en su propia tierra. A falta del jefe qué mejor el pueblo. Eso significa que sintonizan con su gestión y están de acuerdo con su propuesta. Con todo eso ya para qué quiere el visto bueno del otro.
– Pero eso no le gustó nadita al príncipe del otro lado; al día siguiente asomó el desaparecido echando chispas por todo lado. ¡Nada que ha estado de vacaciones! Le mandó un comunicado diciéndole de todo: ¡¿Qué vienes hecho el gallo a gallinero ajeno?! ¡Si aquí el de las plumas soy yo! ¡Anda a cacarear a tu propia jaula que aquí mi comarca se respeta! ¡No es hacienda de ninguna cooperativa!
– ¿Y eso a que viene, compadre?
– Por la princesa, pues compadre; la esposa del príncipe, que es hija del gerente de una cooperativa.
– ¡Ah ya! Pero, qué vaina compadre. O sea que, por tener la cortesía y darse el tiempo para ir a

visitarlo, el otro sale más bravo y lo deja más desplumado que pollo en feria y totalmente desanimado, jeje. Como son las cosas, los que antes aparecían en las fotos como ñaños, ahora resultan enemigos. ¡¿Ya ve?! Eso le pasa por ir a meter las narices donde no le conviene y darle haciendo los deberes al otro, pudiendo estar tranquilo trabajando para su reino. Le pasó lo mismo que yo, vengo contento y con todo el ánimo a buscarlo y usted sale más bravo.
– Es que usted también, poquito más y desbarata la puerta. ¡Cómo no voy a estar enojado!
– Y todo por estar en el trono y sin ser príncipe. Pero bueno, a lo que venimos… ¿Vamos o no a los gallos?
– ¡¿Qué gallos pues?! ¡Hable serio compadre! ¡¿No ve que estamos en Semana Santa?! Respete, no sea hereje, que con los gallos que le estoy contando tenemos suficiente.
– ¡Ah cierto, compadre! En estos días santos no hay gallos sino pescado. Disculpará nomás que le haya apurado y regrese nomás a su trono a seguir ca… digo, leyendo el cuento, jeje.

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