– ¡Compadre Indiscreto! Venga un ratito, que quiero pedirle un favorcito.
– Diga nomás, compadre Ulbio, ¿para qué soy bueno? Pero eso sí: ¡plata no tengo, pero consejos y chismes sobran!
– Pero salga un ratito, compadre, que quiero decirle al oído, sin que las paredes escuchen; que ya sabemos que en este pueblo hasta el viento es chismoso.
– Uf, compadre; ya empezó con sus cosas raras. Cuidado sea uno de sus chistes pesados, que ya verá…
– No, compadre, lo que quiero es que me eche una mano este domingo para alzar la loza de mi casa. Quiero hacer el segundo piso, ya la familia está creciendo y necesitamos más espacio, ¡como conejos en tiempo de lluvia!
– ¿Y por qué en domingo? No ve que ese día es de descanso, de ir a misa y pasarla en familia, no de andar sudando como pollo en sancocho.
– Es que no tengo permiso, compadre. Y el compadre Gerardo me recomendó que así está haciendo todo el mundo: en domingo no trabajan los agentes municipales, y ya para cuando se den cuenta, solo se les da un whisky y listo, ¡como si fueran suegros en día de visita!
– Ay, compadre, usted está como cierta autoridad, que hace todo sin permiso y cuando le reclaman, arma un escándalooo, diciendo que el municipio no le deja trabajar.
– ¿Así será? Pero como autoridad debería dar el ejemplo al resto de ciudadanos, cumpliendo las normas legales. ¡Con razón el resto de personas comunes y silvestres andan en las mismas!
– ¿Se acuerda de la bronca por el parqueadero público? Al prefecto, con el fin de evitar que le quiten el terreno, se le ocurrió una feria agrícola, para decir que es un bien público y que está haciendo un favor a los productores. ¿Y adivine qué pasó?
– ¿Qué pasó, compadre? ¿Se armó la gorda?
– El municipio enseguida le mandó a decir que esa feria no puede hacer, porque no cuenta con el permiso respectivo. Pero el prefecto, igual que usted, le importa un pepino y sigue haciendo la feria.
– Chuta, compadre, ¿y será de sacar permiso para que los productores ingresen una vez a la semana por unas horas a un bien que es de la propia institución?
– ¡Pues claro, compadre! Toda actividad que se haga dentro del cantón tiene que contar con permisos. ¿Acaso es nomás de coger y hacer lo que le da la gana, como niño en tienda de dulces? Por eso mismo el municipio le mandó a clausurar una obra en el dique de Veracruz, porque tampoco sacaron los permisos de construcción, ¡y eso que la obra ya está en la recta final!
– Chuta, ¿y por qué no habrán sacado los permisos, si es una obra importante que lleva meses de construcción? No es algo que se haga en un fin de semana y ya.
– Porque piensan igual que usted, compadre: “No se han de dar cuenta”, “No nos han de decir nada”, “No nos han de venir a clausurar”, “Al fin es una obra para el pueblo, no creo que se opongan”. Pero en la bronca y el celo político que hay de lado a lado, ¡ele, toma!, les llegó el sello de clausura. Pero, con sello y todo, siguen trabajando como si el papelito fuera solo un adorno.
– Esta bronca entre autoridades no me está gustando para nada, compadre. Ya parecen guaguas malcriados. Ya más bien está de meterles en un cuarto y que se den hasta que se cansen, y no sacarlos hasta que no se hayan calmado, jeje. Pero que no dividan a la gente, en vez de estar unidos y trabajar por el bien común, ¡parecen hermanos peleando por la herencia!
– Espere, compadre, que aún no le he contado lo bueno.
– ¿Y todavía hay más, compadre? ¿Esto es como telenovela, que cada día hay un nuevo capítulo?
– El colmo de los colmos fue que casi nos quedamos sin pregón. El municipio intentó bloquear el inicio de las fiestas de la provincia, porque el señor prefecto tampoco le ha dado la gana de sacar a tiempo los permisos correspondientes.
– Pero, compadre, ahí sí que discúlpeme y perdóneme: ¿quién ha dicho que para salir a mover el esqueleto un rato hay que sacar permisos? ¡Más si se trata de las fiestas de nuestra querida provincia! Yo creo que allí hizo falta un poco de comprensión, no de papeles.
– No, compadre, hay que tener permisos con la debida antelación. ¿No ve que se cierran vías, se bloquea el tránsito, se arma congestión en la ciudad? No es nomás de decir “salgo bailando y ya”, como si fuera cumpleaños de la abuela.
– Pero al final hubo pregón y no pasó nada. Bonito salió, la gente se divirtió y todos gritamos: “¡Que viva Pastaza!”.
– Pero porque el prefecto se salió con la suya. Y puso en apuros a todas las autoridades: gobernación, intendencia, policía y más, que por el bien del pueblo tuvieron que sumarse, y por amor a la provincia también. Pero eso no quiere decir que tenga la razón. ¡Para la próxima vez, que no me haga semejante cosa! Que para eso hay leyes, hay normativas… ¡Que saque los permisos a tiempo y dé ejemplo de buen ciudadano!
– Eso sí, compadre, las autoridades son los primeros en dar el ejemplo, más si están en este “tira y hale”. Es mejor actuar acorde a la ley, no dar motivo para que el otro salte, y así llevar la fiesta en paz. Y si aún así el otro se raya, entonces ya es con dedicatoria, jeje.
– Usted lo ha dicho, compadre: por su propia boca muere el pez. Es mejor actuar conforme a la ley, no hacer lozas de manera clandestina en los días que no hay agentes de control, y ya cuando aparezcan, ofrecerles un whisky y listo. ¡Eso ya no va!
– Es verdad, compadre, ya entendí yo también. Mejor voy nomás a sacar el permiso, hacer las cosas correctamente, trabajar con calma a la luz del día y sin ningún apuro. ¡Que las autoridades aprendan de mí, ahora que soy un ciudadano ejemplar!
– ¡Le felicito, compadre, así tiene que ser! Ojalá que también entiendan otras personitas, y así nos evitamos tanto drama. ¡Mejor hagamos una minga por la provincia, y todos unidos, que hasta para eso seguro piden permiso, pero con fe y humor todo se puede! ¡Que viva Pastaza!
