– Oiga, compadre Ulbio, ¿se ha dado cuenta como pasa el tiempo tan rápido? Ya estamos en marzo.
-Es verdad, compadre Indiscreto; entre más viejos somos más rápido se van los días.
– Así que… ¡Feliz Día, compadre!
– ¡¿Cómo así pues compadre?! Si no es mi cumpleaños ni mi santo ni estoy de aniversario matrimonial.
– No ve que ya llega Día Internacional de la Mujer…
– ¡Ele! ¡Ya empezó con sus desigualdades!
– Je, je; bromita nomás. Pero, ¿se ha dado cuenta que ya estamos de temporada, las tiendas, basares y locales, por todos lados, se han teñido de violeta? Ya parecen sucursales de ADN, todo violeta, de pronto todos se han vuelto gobiernistas; je, je.
– Parece que ayer nomás compré el regalo por el día del amor y ahora toca nuevamente llegar con otro regalo por el Día de la Mujer. Los regalos en cadena: que navidad, que San Valentín, que el Día de la Mujer, que el Día de la Madre, que el cumpleaños, que el Día de las Marías… ¡Chuta! ¡Ya no hay bolsillo que aguante!
– Así tiene que ser compadre, siempre detallista: ¡Mujer feliz, vida feliz!… Nomás tendrá cuidado de no ponerse muy violeta, para que no parezca gobiernista.
– No hablará tan duro compadre, que ahora no es nomás de nombrar al gobierno, los políticos se han vuelto tan sensibles que nada aguantan, ahora es: “No tomarás el santo nombre de Noboa en vano”.
– Así estamos. ¿No ve a ese tal Don Pishco? Solo por hacer bromas ya lo señaló con el dedo, y ya mandaron a desaparecer a un periodista que denunció un gran negociado en el que se hallaba gente involucrado el gobierno, y se mandó a intervenir a un medio de comunicación por criticón.
– ¡Qué barbaridad!
– ¿Ya ve, compadre? No solo han sido los jóvenes los que están en la época de cristal, también tenemos políticos de cristal.
– Solo les gusta que los adulen y no que los critiquen, que les echen flores, que no se los cuestione.
– Así es… ¡Nada toleran! ¡Nada soportan! ¡Nada aguantan! Sin irnos más lejos, el caso Flores, que logró que un comunicador se le arrodille, pida perdón y pida disculpas públicas en su mismo medio de comunicación por haber manchado su santo e inmaculado nombre.
-No me diga compadre, que aquí en mi lindo Puyito también ya se están dando esos casos de intolerancia extrema. ¿A dónde vamos a parar compadre? No hay ni como alzarlos a ver. Así que cuidado compadre, ande por la sombrita, ahora hay que medir las palabras, pensar bien lo que va a decir, porque dónde se le vaya una palabra un poquito gruesa… ¡Se fregó! ¡A los tribunales!
– ¡Cha madre! Antes bien que se les decía de todo y no pasaba nada, ahora ni bien se les critica… !Al paredón! Solo hay que estarles adulando y ensalzando para que medio te vaya bien.
– Es más, compadre, con este precedente han sacado un manifiesto en el que “advierten” a los demás periodistas, que no se tolerará ningún acto de difamación contra la autoridad, institución y personal que labora en ella… ¡Nada que libertad de expresión! ¡Eso se acabó!
– O Sea que, solo hay que estar echándoles flores, así de simple, si te pasas de la raya te jodiste. Pero siempre hay uno que se le va la lengua… Pobrecito.
-Y a qué no adivina, ¿quién fue el abogado que defendió a Flores, contra el que no le echaba flores?
– ¿Quien?
– El mismo que otrora era su pana, su yunta y su parcero; el mismo que todos los días se la pasa martillando y remachando contra el prefecto. Y se convirtió en un lleva y trae de todos los días, el uno, por un lado, hablando contra el prefecto y defendiendo al alcalde que le da la pauta y el otro hablando contra el alcalde y defendiendo al prefecto que le da la pauta… Un cuento de nunca acabar.
– Mmm… esto ya no me gustó; pero mejor no digo nada, no vaya a ser que me demanden también por hablar demás, mejor ahí quedemos, me voy nomás a ver las flores, pero no para dárselas al Flores, sino para dárselas a mi mujercita por su día.
– Pero compadre, comprará unas bonitas flores, de esas caras; porque, con lo cuchi que es, capaz que va a ver esas que venden por el cementerio nomás…
– ¡Verá, compadre! ¡Me está difamando! De ganita usted también se va a ganar una demanda y lo voy llevando ante los tribunales a que me pida disculpas públicas.
– ¡Ay no, compadre! ¿Usted también se va a poner sensible? Mejor vaya nomás por las flores.
