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ELIZABETH PANGOL y su amor al arte

por Andres Ortega

Hija de un destacado periodista, el inolvidable Carlitos Pangol (fallecido), quien por décadas prestó sus servicios en radio Centro de Ambato y otros medios de comunicación. Desde pequeña, vio y admiró a su padre que escribía las noticias en su máquina de escribir. Él, animaba a ella y a sus hermanos a realizar presentaciones teatrales en las reuniones familiares. Con seguridad esa semilla sembrada hizo que casi todos sus hermanos estén ligados al arte.

Elizabeth Pangol, Estudió en el colegio Hispano América. Allí quiso seguir la especialidad de artes plásticas, pero desistió debido a que prevalecía el prejuicio de que no era una actividad económicamente rentable. Es así que optó por secretariado bilingüe. En la Universidad, incursionó en Administración de Empresas, y como la facultad estaba justo al frente del teatro, no podía resistir la tentación de ingresar, a modo de hobby.

Por otro lado, le gustaba también practicar labores de voluntariado, acudía al asilo de ancianos, quizás, por el espacio vacío de no haber conocido a su abuelito paterno. Allí hizo amistad con otro personaje que marcó un hito en su vida, el payasito “Tony Pajarito”, quien le compartía las anécdotas vividas en su amplia trayectoria. Fue una época muy bonita, hasta que su amigo falleció. Esa ausencia le motivó a buscar el arte a como dé lugar. Lo estudió académicamente en la Universidad Espíritu Santo en la ciudad de Guayaquil.

Más adelante se presentó la oportunidad de entrar a trabajar en el Ministerio de Bienestar Social, en el Departamento de Protección de menores. Recuerda que mantuvo contacto con muchas madres que venían a entregar a sus bebés en adopción. Hablando con ellas. Lograba que algunas recapaciten, en tanto que otras, hacían prevalecer su determinación.

En Ambato, creó el primer grupo de teatro con los adultos mayores. Viajaron por todo el país y cosecharon muchas satisfacciones y aplausos. Más adelante, también trabajó con los jubilados del IESS. Hasta que se presentó la oportunidad de brindar su aporte en Puyo, fue un tiempo de ajetreo entre ir y venir. Rentablemente no era el mejor trato, había muchas responsabilidades por cumplir, pero precisamente, de eso se trata el amor al arte, es una entrega.

Todo se fue acomodando, hasta que llegó la pandemia, tuvieron que adaptarse a los cambios y empezar a dar clases vía zoom. Luego regresaron a los talleres, con mascarillas, con temor del contagio, pero salieron adelante.

Pastaza le ha tratado muy bien. Se radicó de manera permanente desde 2018. Su hija sigue su legado. Se dedica, no solo al teatro, sino a la danza, su especialidad.

Actualmente, su trabajo tiene la intención de formar formadores, es decir, lo que ella enseña, sus alumnos, lo repliquen.

En sus palabras finales menciona que el teatro abre las puertas a todos y a todas las edades, por lo que todos están invitados a participar en los talleres gratuitos que ofrece la Casa de la Cultura, Núcleo de Pastaza.

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