POR: Edwin Mosquera G.
El suicido de Alberto Jasso, es un caso que ha conmocionado a México y al mundo, se habla de dos aristas dentro del proceso penal, la primera que la conducta autolítica como sinónimo de evidenciar su culpabilidad, y la segunda el efecto que quiere dar como afectación psicológica y sus desencadenantes frente acusaciones falsas.
Si bien es cierto la sobreprotección a las posibles víctimas en delitos sexuales, ha vulnerado los procesos que se investigan, más aún cuando se siga teniendo como prueba madre la sola versión de la presunta víctima.
No quiero culpabilizar al sistema de justicia, si no, como siempre lo he dicho a la misma lex, que aparentemente brinda un sistema de igualdad en defensa, más solo el escuchar el delito que se imputa, ya se generan juzgamientos anticipados y prejuicios que aportan en la balanza de la justicia.
Si bien, aún continúa la investigación, el caso ha puesto en debate los riesgos a los están expuestos tanto docentes como estudiantes en los espacios educativos. Además, evidencia el poco acompañamiento psicológico que tienen tanto las víctimas como las personas acusadas en las investigaciones judiciales.
La igualdad formal y material generalmente en procesos judiciales de delitos sexuales, siempre se ve vulnerada a los investigados y más aún cuando quienes acusan conocen que se encuentran beneficiados por la duda, ya que es su palabra frente a una investigación con rasgos de inocencia.
Hay muchos hechos que se han venido investigado de denuncias falsas, maliciosas que han destruido a personas mermando su libertad, los casos de violencia de género han sido el ápice, desde la mal utilización de las famosas boletas de auxilio hasta las pruebas madres del testimonio de las víctimas, sin una corroboración o ítem de medición que lo valide.
El suicidio de este justiciable, no solo enmarca otro hito en la aplicación de la ley, si no también señala los daños psicológicos no visibles en los imputados, y el precario sistema de asistencia en salud mental.
En un ejercicio mental, si este ciudadano se demostrase su culpabilidad estaría recluido por varios años sujeto a la retaliación carcelaria, pero en el caso que se demuestre su inocencia, el daño causa por la falsa acusación, el estigma social, jamás dejará de tacharlo, a más de las huellas mnémicas con las que tendrá que batallar a lo largo de su vida.
No aplaudo la forma que se ha tomado para paliar esta situación, pero tampoco es la forma de martirizarse en búsqueda de justicia, cuando existen maneras más adecuadas, creo que el efecto de suicidarse por lo menos hizo público el caso.
