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El sol y la princesa

por Andres Ortega

– ¡Uf! Compadre Indiscreto… ¡Regale un vaso de agua! ¡Qué sol para canicular que ha hecho hoy!… Vengo que me derrito…
– ¡Pero… Compadre Ulbio! ¡Demás también es usted! ¡¿Quién le manda a caminar en este sol abrazador de medio día?!
– Es que, compadre, en la mañana que salí estaba el día tan fresco y bonito que ni me imaginé que el sol iba a ponerse tan berraco.
– La coñería suya, compadre; teniendo carro se pone a caminar, por no gastar una gota de gasolina. Ya porque el gobierno sube a cada rato el precio, ahora hecho el económico. Deje que sufra la plata y no la persona.
– No es eso, compadre; es que el médico me dijo que estaba muy sedentario, que procure caminar o hacer ejercicio por mi salud; por eso decidí dejar el volante y andar en mi dosh pies.
– ¡Entonces aguante pues! Y sino, ¿para que se mete? No venga aquí hecho el princeso; que uy que el sol ,que sí que no… Mejor ya le voy a dar una cremita también para que no se le tueste esa piel tan delicada que tiene, jeje.
– ¡Ya empezó! ¡Usted también! ¡No sea exajeroso! ¡Ya solo por un vaso de agua que le pido! Mejor hubiera pasado de largo y llegado hasta mi casa… Yo también, quién me manda a pedir un favor a un indiscreto criticón.
– Esto me recuerda una historia parecida, que mientras toma el agua se la voy a contar: Érase una vez una hermosa princesa, que por casualidades de la vida la nombraron máxima autoridad de la comarca; cierto día y por gajes de su oficio, a la doncella le tocó caminar hasta un lugar muy apartado y distante. Llegando a dicho lugar, el sol canicular caía verticalmente como brazas que azotaban el rostro de tan hermosa dama que por primera vez tenía una experiencia tan brutal.
Vista tal escena de dolor y que el rostro de la princesa parecía que se derretía con cada segundo que pasaba, uno de los agentes que fue enviado para su seguridad, ágil como ninguno, pidió prestado un parasol y corrió a cubrir el frágil cuerpo de la princesa. Un acto de tan bonito y lleno de sentido humanitario que fue registrado en una fotografía indiscreta y luego publicado sin ninguna maldad… sin imaginar que eso iba a ser causa de un escándalo nacional.
– ¡Ele! ¡¿Y por qué escándalo?! ¿Qué tenía de malo ofrecerle un parasol a una dama?
– ¡Ahí está a maldad! No faltó quien dijera que esa no era la función del servidor policial, ocuparlo de asistente personal cuando su función es otra; él está preparado y capacitado para velar por la seguridad y no para llevar el parasol a una sola autoridad.
– ¡¿En seriooo?!
– Síii… Por ahí salió un tal Buscón… o Boscán… o como sea, que exhibió la foto en un medio nacional y criticó duramente, diciendo que el sueldo del agente sale del bolsillo de todos nosotros y no para que haga ese tipo de trabajos; que debería ser censurado por el comando general.
– ¡Qué barbaridad!
– Otros criticaron duramente a la autoridad: que si no va a aguantar para qué se mete, que una verdadera autoridad tiene que ser 4×4, todo terreno, ponerse las botas, sudar la gota gruesa y si el pueblo sufre, sufrir por igual y no llegar de princesa que no se puede quemar porque nunca le ha dado el sol y tiene el cutis tan delicado y fino como el de Michael Jackson.
– Claro, para eso si son buenos… ¡Para criticar!
– Dado el escándalo provocado por el tal Boscán, por ahí salió el jefe del servidor policial ha defender a su padawan; señalando que lo que hizo no está mal, más bien es un acto de máxima caballerosidad, que antes de ser servidor policial es un ser humano íntegro y a carta cabal, más bien se lo debería felicitar.
– Oiga compadre, ahí tengo una curiosidad, ¿cómo una foto tan simple, de una apartada comunidad, llega a un canal nacional, alborota el gallinero en las redes sociales y se hace tan viral? Para mí que hay gato encerrado, algo me huela muy mal…
– A usted todo le huele mal. ¿Ya ve por no bañarse? Pero yo también pienso que algún adversario político con criterio maquiavélico quiso hacer daño, no solo a la autoridad, sino también al gobierno, para decir: “¡Ay los aniñados! ¡Los fi fi!
– ¡Puro avena natural!
– Lo que sí estoy de acuerdo, y no es por juzgar mal, con aquello que una autoridad debe ser todo terreno y no venir con su vanidad; que uy, cuidado el sol me va a quemar. Así como viene usted, que ¡arrarray este sol canicular!
– ¡Tome, agarre el vaso! Mejor me voy que ya va a empezar a jorobar…
– Irá por la sombrita, cuidado vaya hecho el princeso y también se vuelva viral, jeje…

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