– Hablando del rey de Roma y usted que se asoma, compadre Indiscreto.
– Favor que usted me hace, compadre Ulbio; aunque no soy rey ni vengo de Roma, pero tengo mi estilacho. Aquí donde me ve, sencillo pero buena pinta.
– Venga, compadre, cuente; ¿qué hay de nuevas? ¿Qué dicen por ahí?
– ¿De nuevas?… Mmm… ¡Nada pues, compadre! ¡Puro viejas! ¡Nada más, puro viejas!
– Pero… ¡Cómo es usted de pícaro, compadre; no deja la maña. Como dicen por ahí: “genio y figura hasta la sepultura”.
– ¡Ele! ¡¿Y ahora?! ¿Por qué me difama, compadre? ¿Qué bicho le picó?
– ¡Pues, ¿no dice que anda con puro viejas?! ¡Ahí está pues! Por eso le digo.
– Yo me refiero a las noticias; usted me pregunta “que hay de nuevas” y entonces le respondo que no hay novedades. Usted es el mal pensado, compadre. No se me venga por la tangente.
– No soy mal pensado, sino que usted no se expresa bien, compadre; no habla con claridad. Por eso a uno le da que decir.
– Siempre se me olvida que usted es de corto entendimiento. Parece que a mí también me han robado la memoria como al alcalde.
– ¡¿Robado la memoria, dice?! ¡Chuta! ¡¿De qué me está hablando pues?!
– Espere, espere, espere… Antes de que piense mal de nuevo déjeme terminar de hablar. Le han robado la memoria de la maquinaria, eso que hace que todo el sistema funcione; es como el cerebro sin el cual la máquina queda como muerta y ya no puede trabajar. Y ésta es como la segunda vez que le hacen lo mismo.
– ¡Ah! ¡Ya sé de lo que me está hablando. ¡Que alivio! Usted hace pensar mal. Pero, venga acá, y, ¿no habrá cuidador, guardia o cámara de seguridad para ver quien fue y dar con el responsable?
– Es que, en este caso, la máquina ha estado allá por la mina de Kilo, fuera de la ciudad. ¡¿Qué cámaras por allá pues?!
– ¡Ah, chuta! Siendo así entonces, sería bueno que vayan a la oficina del asambleísta Nangó, ahí le ven todito de una sola.
– ¡¿Cómo es eso, compadre?! ´¡No me vendrá con incoherencias! Ya me va a salir con alguna babosada.
– ¡La plena le digo, compadre! Él, además de asambleísta, ha sido clarividente. Fíjese que el otro día le han preguntado que cómo ve a los candidatos…
– ¿Y?
– Pues, ha sacado una bola de cristal y ha dicho: “Para mí la cosa esta juzgada, no hay nada que hacer; para la prefectura clarito veo a dos jinetes. La pelea está solo entre Granda y Aragón, los demás para su casa. Si Pachakutik se une y Aragón trabaja más por los votos en la ciudad, lo podría estar tumbando a Granda”. Luego le han preguntado: “¿Y para la alcaldía? ¿Qué ves? Dinos de una vez”. A lo que él, mirando nuevamente su bola de cristal, ha respondido: “Para la alcaldía síiii, es una verdadera pena, nos quedamos con Marco Andino; la pelea está entre Guevara y Garcés, no hay nada que hacer; Guevara va a la cabeza, Garcés no se le queda atrás; pero nuestro candidato de Pachakutik se nos quedó al último de la fila, aunque nada es imposible tampoco, de pronto venga un milagro”.
– Oiga… Y ultimadamente, Nango ¿qué mismo es? ¿Asambleísta, analista político o jefe de campaña? Como se dice, está en todo, menos en misa. Aunque no me extraña que le ponga a Guevara primero, porque hay unas fotografías donde se los ve juntitos. De dientes para fuera dice que es de Pachakutik, pero para mí que ya está apostando al caballo ganador. Su presagio no es más que subirse a la camioneta de los que tienen más posibilidades.
– No lo sé, compadre; pero todo mundo está hablando de que su presagio ha dado justo en el clavo, que coinciden con las encuestas. Al punto que ,hasta a mí me a dado ganas de ir a su consultorio a preguntarle por qué mi mujer anda medio distanciada conmigo, a ver que le sale en la bola.
– ¡¿Y usted no tendrá bola?! Que anda queriendo ver la bola de otro. Por eso mismo anda distanciada su mujer… En vez de Ulbio le voy a llamar Cornelio.
– No sea así, compadre; no me falte al respeto.
– Usted mismo se falta el respeto con lo zonzo que es; por eso su mujer le ve la cara. En vez de andar viendo bolas debería ponerse mosca y comportarse como un verdadero esposo… ¡Pilas ahí!
¿Asambleísta clarividente?
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