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CARLOS CASTRO una vida dedicada a la mecánica

por Andres Ortega

Al conversar con don Carlos Castro, nuestro personaje de la semana, nos remontamos en un viaje al pasado y quedamos convencidos que las memorias de los hombres y mujeres que vivieron en épocas anteriores a las nuestras deben rescatarse y conservarse.

El día que vino por primera a la provincia de Pastaza está vivo en su memoria ya que casi coincide con el aniversario de provincialización. Fue un 15 de noviembre de 1959. Tenía 24 años de edad, pero 12 de experiencia en la rama de la mecánica.

En aquellos tiempos la gente debía madurar más rápido y adquirir serias responsabilidades desde tempranas edades. Ese fue el caso del protagonista de esta historia. Cuenta que una vez que terminó la primaria con mucho esfuerzo, acudió al taller de mecánica de su tío con el propósito de que le enseñe el oficio. Ingresó en calidad de aprendiz, labor por el que recibía una compensación económica modesta.

Los años pasaron y el día a día forjaron sus conocimientos a pulso. Aprendió bien su trabajo y lo aprendido fue lo ganado.

Contrajo nupcias a los 21 años con Juana Pazmiño que recién cumplió los 18. Fue la promesa cumplida tras su retorno del servicio militar obligatorio. Con la llegada de su primera hija, llegó también la necesidad económica, eso le motivó a buscar otros caminos para obtener mayores ingresos y la mejor opción que veía, era a través de la instalación de su propio taller.

Puyo estaba en su mirada, tenía clientes de este punto de la Amazonía, que acudían a Ambato a recibir atención. Considera que tuvo suerte al haber llegado en un buen momento, que combinado con un trabajo esmerado, fueron la clave para salir adelante.

Claro, en ese entonces la realidad mantiene una distancia tan abismal a lo que hoy es Puyo, que las nuevas generaciones, apenas podrán imaginarla. La ciudad prácticamente se enmarcaba en 6 cuadras. El servicio de energía eléctrica era solo por horas y de baja potencia, a tal punto que, por orden municipal, el taller de don Carlos, tenía prohibido hacer trabajos en suelda luego de las 17h00.

Vino con un hermano que al principio lo ayudaría. Desde el primer día tuvo una muy buena acogida que fue en aumento. Tenía una habilidad magnifica y logró hacer trabajos complejísimos que incluso otros talleres reconocidos no podían o no querían hacerlo, lo que consolidó su prestigio.

Gracias a su gestión se creó el Sindicato de Mecánicos. Fue la necesidad de protegerse con la Ley de Defensa del Artesano, de los altos impuestos, lo que le motivó a obtener su título como maestro de la rama y organizarse junto a los colegas que ejercían la actividad. De esa experiencia le queda la gran satisfacción de contar con una calificación válida hasta el año 2100.

Hoy en día don Carlos goza de una vida en familia junto a su esposa, disfrutando de una vida tranquila y del ecuavoley, cuya cancha está junto a su vivienda, rodeado de amigos que lo aprecian.

En su mensaje a la población y a las nuevas generaciones, manifiesta que no es cierto que no hay trabajo, que cuando la persona es cumplida, honrada y eficiente, el trabajo nunca le faltará.

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