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El que quiera chupar… que chupe con su plata

por Andres Ortega

—¡Compadre Indiscreto, lindo día! ¡¿Cómo amaneció mi compadrito, lleno de vida o lleno de chuchaqui

—¡Ele! ¿Y a qué debe tanto entusiasmo, compadre Ulbio? Más parece gallo en corral nuevo. ¿Cómo así contento, si siempre amanece fruncido?

—¡Chuta, compadre! El fruncido será usted. Uno siempre posi, como dicen los chamos. Para que vea, por San Patricio —que ni sé quién es, pero suena a trago de hierbas—, lo invito a irnos a unas dos que tres. Eso sí: yo pongo la sed y usted pone la plata. ¡Je, je!

—¡Chistosito! Mal acostumbrado está a chupar al remo. Ya me enteré que el fin de semana se agarró un barril entero. Poco más y lo encuentran flotando boca abajo en el río. ¿Acaso quiere ser el ahogado más feliz del cementerio?

—Es que la farra estuvo buenísima, compadre. Fíjese que el dueño de la fiesta botó la casa por la ventana. Había trago hasta para nadar. ¿Cómo se va a desperdiciar semejante generosidad?

—Claro, y como a usted “no le gusta nada”. Sí es de los que les gusta tomar sin gas, o sea: sin gastar…

—Hablando de fiestas y resacas, compadre, el Municipio ha anunciado un fiestón para mayo por la fundación de Puyo. Y como para agosto el alcalde puede que ya no esté, también quiere botar la casa por la ventana. Con eso sube en popularidad y gana unos votitos más.

—Sí, pero por eso mismo, el prefecto, pilas, le ha salido al brinco. Ha decidido amargarle la fiesta: ¡no habrá las tradicionales verbenas populares! ¿Cómo le quedó el ojo, compadre?

—¡No joda, compadre! ¿Cómo es eso que no habrá verbenas? ¿O sea que ya no habrá artistas, ni farra, ni nada? ¿Voy a tener que pasar mi cumpleaños viendo las noticias y comiendo canguil?

—Así como lo oye. El prefecto ha hecho pública su decisión de no invertir ni un centavo en las fiestas de Puyo; y, en adelante, en ninguna fiesta de ningún lado.

—¡Ele! ¿Y a qué debe ese cambio tan repentino? Si siempre era el que mejores artistas traía. La plaza del Ánimo se llenaba como lata de sardinas. ¿No ve cómo la última vez bailamos con la Rosita War, a casa llena? Hasta las abuelitas se treparon en las sillas y se sacaron la dentadura para silbar.

—A ver, compadre, siéntese y agárrese de la silla, que esto tiene su intríngulis. Primero: el «Nobita» ha reformado el COOTAD. Le metieron una cápsula que prohíbe invertir recursos públicos en pachangas. Y no solo en fundaciones o aniversarios, ¡sino en bautizos, primeras comuniones y hasta en quince años! Bueno, lo de las quinceañeras me lo inventé, pero dice que hasta el pastel se pagaba con fondos públicos.

—¡Chuta, compadre! Ahí sí se cagó la perra en el costal ¿Y ahora? ¿Nos vamos a quedar oyendo los grillos?

—Aún no termino. Segundo: según dijo el prefecto, el Municipio no presentó a tiempo la solicitud pidiendo los recursos como ordena la ordenanza. Debieron hacerlo antes de la reforma, pero como se durmieron en los laureles… ¡chao! «Cero fiestas». Ahí tiene la respuesta.

—Explíqueme bien, que yo sigo más enredado que cable de televisión detrás de la nevera. ¿Por qué el Municipio, al contrario, destina plata para las fiestas de mayo? ¿El alcalde no piensa como el prefecto? ¿O para él la ley es como la moda, que solo la siguen algunos?

—Es que que los municipios son autónomos, tienen sus propios recursos que vienen de los impuestos. En cambio, la prefectura recibe casi toda su plata del gobierno; es como el hijo que vive de la mesada del papá. Además, el Municipio ya tenía una ordenanza aprobada el año pasado destinando esa plata. O sea, el dinero ya estaba en la olla antes de que Nobita apague el fuego.

—O sea, ¿la prefectura tendría que reformar sus ordenanzas? ¿Y las farras del Ánimo, esas que eran tan sonadas que se oían hasta en Mera, se acaban?

—Eso mismo. El prefecto ya dijo: máximo en dos semanas, acelera la reforma. Antes de que le lleguen con la mano extendida. Y soltó una frase para el recuerdo: «El que quiera bailar, que baile con sus propios recursos. No más con plata del pueblo».

—¡Qué iras, compadre! ¿Y ahora qué hará con la plaza del Ánimo? Que era el templo de las farras. El mismo prefecto invitaba: «A bailar con Ánimo». Ahora parece que se desanimó y se fue a rezar. Yo creo que esa decisión le resta votos, compadre.

—¡Al contrario, compadre! Todo el mundo lo está apoyando. La gente dice: «Mejor que inviertan en obras, no en farras». ¿Usted cree que todos son chupines como usted?

—Pero dígame una cosa: ¿y si al final el alcalde hace su fiesta y uno se queda con las ganas de farra? ¿Qué va a hacer? ¿Llorar en el rincón?

—Pues simple, compadre: vaya a la fiesta del Municipio llevando su propio trago en la mochila, y si le dicen: «Oiga, ¡esto es ilegal», responda: «¡Pero si estoy chupando con mi plata, como ordena el prefecto!… ¡hasta que el cuerpo aguante o hasta que me lleven en camilla!». Aunque si hay algo más difícil que sacarle plata al gobierno, es sacarle un peso a usted cuando tiene sed. ¡Je, je, je!

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