– ¡Qué miedo, compadre Indiscreto! ¿Qué será de hacer con tanta balacera y tanto sicariato? Nuestra pobre gente, cada vez, amarcando calavera.
– ¡A ver, a ver! Hablarame clarito, compadre Ulbio. ¡¿Qué’s pues eso de “amarcando calavera”?! Aquí el único que amarca calavera es usted, que tiene que cargar con la flaca de su mujer. Se dice: “marcando calavera”, si se refiere a tanta muerte violenta.
– Lo que sea, compadre, o cómo sea que se diga; pero, el hecho es que nuestro pobre pueblo se ha convertido en un campo de batalla y no hay quién nos defienda.
– Eso sí, compadre; no hay quien nos defienda. Ahora ni la misma policía puede defendernos. estamos como el Chapulín Colorado: “¡Oh! Y ahora, ¿quién podrá defendernos?”.
-¿Y por qué dice que ahora ni la policía puede defendernos? ¿Acaso se acabaron los policías en Pastaza o se fueron de vacaciones?
– Es que, ¿con qué van a salir los pobres a darnos seguridad? ¡Si les han robado todas las armas! Cosa que ni ellos mismos han podido cuidar.
– ¡¿Cómo dice que dijo?! ¡¿Cómo está eso que les han robado las armas?!
– ¿No escucharía las noticias, pues? ¡Les han robado todo un arsenal de pistolas en sus propias narices y no se han dado ni cuenta!
– ¡Jesús, Virgen Santa! ¡Qué me cuenta. Compadre! Si a ellos les roban, que son los guardianes de la seguridad… ¡Qué no va a ser a nosotros pobres! ¿Y? ¿Los cogieron medio dormidos o qué? O en un descuido y… ¡Zas! Se le llevaron los huevos al águila.
– ¡Pues claro! Ahora no tienen ni con qué defenderse ellos, mucho menos a nosotros. Ni que salieran a dar de toletazos, si los delincuentes andan mejor armados que los mismos miembros del ejército.
– Entonces… Capaz que los disparos de ayer fueron con las mismas pistolas robadas a los policías.
¿Y qué han dicho los verde aceitunas? ¿Cómo explican ese robo tan descarado y en sus propias barbas?
– ¡¿Pues, qué van a decir, compadre?! Ahí han quedado mudos. Ni una sola palabra. ¡Si ni ellos mismos saben cómo es que los dejaron sin pistolas! ¡Si parece que hasta se han robado al coronel! Porque hace más de un mes que cambiaron de comandante y el nuevo que asignaron solo vino a dejar la maleta y desapareció… ¡Y hasta el día de hoy no se lo ha visto para nada!
– ¡Con razón les pasa eso compadre! Si los pobres han estado, como quien dice, huérfanos.
– ¡Si los pobres no tienen ni para el uniforme! Que hasta los pobres aspirantes tienen que estar pidiendo a sus padres que les manden para el uniforme, el casco, el tolete, los guantes y todo. ¡Imagínese que encima les roben las armas! Si no las recuperan, pasarán años sin que vuelvan a tener un arma en sus manos.
– Eso sí, compadre; al paso que vamos tal parece que mejor nosotros los ciudadanos tenemos que salir a defenderlos a ellos, jeje.
– En el Comando de Policía hay un silencio sepulcral; los periodistas dicen que no hay quien diga ni pio. Otrora para todo era rueda de prensa. Que han cogido a los fumones de la esquina, rueda de prensa; que han detenido a un nativo con su escopeta que iba de cacería sin permiso, rueda de prensa; que han decomisado madera, rueda de prensa. Y ahora esto, que es tan trascendental, tan importante… ¡Silencio total! Se volvieron una tumba. No hay quien diga cómo, cuándo, porqué, que fue lo que pasó.
– Me va a disculpar compadre, pero a mí me parece muy raro eso de que les hayan entrado a robar así de fácil. ¿Quién se atreve a ingresar a un cuartel de policía y sustraerse una cosa tan delicada, sin que nadie se haya dado cuenta? Al menos que les hayan puesto la escopolamina en la sopa a todos los gendarmes y los dejaron totalmente noqueados, que no han sentido ni que los perros ladran, jeje.
– Lo raro es cómo se filtró esa información, de tal forma que lo que quisieron mantener bien escondidito salió a la luz y ahora es escándalo general. Ellos que han de haber estado bien ocupados con sus peladas, porque para eso son una bala, para quitarle la mujer al prójimo unos campeones; ahora que respondan y que ruede quien tenga que rodar.
– ¡Ay hijo! ¡Esto si está fuerte! Creo que el comandante asignado, solo tendrá que venir a retirar su maleta y chao pescao, se va sin haberse estrenado.
– Hablando de cuidar a la pelada, mejor me voy a cuidar la mía compadre, ahora que la delincuencia anda haciendo de las suyas ya ni la mujer de uno se salva.
– Sí, sí; vaya, vaya, compadre… No vaya a ser que otro amarque su calavera, jeje.
Le robaron los huevos al águila
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