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TURISMO A LA VIOLENCIA

por Andres Ortega

Por Guido Calderón

Los políticos y líderes gremiales de izquierda y comunitarios desde siempre convocan a la lucha, la resistencia, la defensa: de los derechos, la igualdad, la justicia; detonando en sus seguidores una descarga de cortisol, hormona que bloquea la parte racional del cerebro, nos exalta al punto, de olvidarnos del bienestar de nuestros hijos y familias, conduciéndolos a vidas de pobreza emocional y penuria financiera, llenas de rencores revestidos de ideologías, heredadas de padres a hijos.

A su vez, el instinto de sobrevivencia de los millones de espectadores de estas violentas convocatorias, genera cortisol en menos proporción, el suficiente para andar todo el tiempo en modo sobrevivencia, esperando huir a tiempo: de qué, no sabemos, pero seguro algo pasará.

Nuestros hijos asimilan lo que les decimos y esencialmente cómo actuamos; crecen en medio de la intimidación y vocinglería emocional que ejercemos y apenas tienen la oportunidad: luchan, atacan y se defienden de nuestra autoridad paternal, que intentamos restituir con más gritos y terminan por abandonar la casa para juntarse con jóvenes igual de impetuosos; en especial las chicas, que ven en el muchacho rebelde la figura paternal que en la mayoría de casos la violentará: por ello el macabro aumento de femicidios.

Incluso el presidente Lasso, se dejó atrapar por esta espiral de violencia verbal, ideológica, física y virtual; respondiendo insultos, pactando con partidos violentos y dialogando con grupos criminales, en vez de ejercer el poder, pacificar el país y patrocinar campañas que llamen a la paz, la convivencia patriótica, el aprecio a nuestras diferencias, el valor de la vida.

El empresariado turístico es de los pocos segmentos sociales que mantienen la paz y la amabilidad como materias primas vitales, por lo que de su seno esperamos nazca la nueva agrupación política y los líderes, que traigan el libertador discurso del bienestar común, la abundancia, el perdón y, sobre todo: el aceptarnos y valorarnos no por ideas, sino como seres humanos que amamos este país. /GC

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