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Y se quedaron sin pollos y sin vía

por Andres Ortega

– Listo, compadre Indiscreto; ya está reparado su motor. Ahora sí puede darse lija con su cacharrito.

– ¡Muy bien, compadrito Ulbio! ¿Y ahora? ¿Cuántos pollos le debo?

– ¡¿Pollos?! ¡Ele, qué’s pues! ¡¿Con pollos me irá a pagar?!

– ¿De qué se admira compadre? Si como van las cosas los pollos son moneda de cambio más firme que el dólar o cualquier otra moneda del mundo.

– ¡Pero no pues, compadre! ¡Yo que voy a hacer con tantos pollos!

– ¡¿Tantos pollos?!… ¡¿Acaso me va a cobrar mil pollos por el trabajito o qué?!… A lo sumo unos tres pollos.

– Bueno, bueno… ¿Y cómo así anda usted queriendo pagar con pollos? Lo que uno necesita es cullqui, dinero contante y sonante.

– Porque eso es lo que está de actualidad; lo que pasa es que usted nunca está al tanto de los movimientos de la economía.

– Disculpe mi ignorancia, compadre; pero para eso está usted, para que me ilustre. ¡¿Y quién es el que anda pagando con pollos?! Yo no he visto nada de eso.

– Pues, los moradores de Cabeceras del Bobonaza…

– ¡¿Los de Cabeceras del Bobonaza están pagando con pollos?!

– Bueno, al menos eso parece; que han estado pagando con pollos el arreglo de la vía.

– A ver, a ver… ¡¿Cómo está eso?! ¡No le entiendo nada, compadre!

– Figúrese que los habitantes de ese sector están enfadados con el señor prefecto porque dicen que no les ha cumplido con el arreglo de la vía.

– ¿Y eso qué tiene que ver con los pollos?

– Porque dicen que ya no les queda ni un pollo en el galpón de tanto brindarle cada vez que venía; siempre que comía les dejaba con esperanzas, pero nunca les arregló la vía.

– ¿En serio? ¿Eso dicen? Jajaja…

– Así mismito dicen; que ya no tienen más que brindarle. Se fueron los pollos, los gallos y hasta las gallinas ponedoras; pero nunca les arregló la vía…

– ¿O sea que de tanto ofrecerle pollos se quedaron en la vía?

– ¡Pero, cómo se van a quedar en la vía si le estoy diciendo que no tienen vía! Bueno, al menos no tienen una vía en buen estado. Por eso se supone que han estado pagando con sus pollos el arreglo

de la misma.

– Pero no creo que le hayan dado tantos pollos como para igualar el precio de la carretera. Esa vía al menos debe costar unos diez mil pollos…

– ¡¿No ve, compadre?! Apenas conversa conmigo y ya se está volviendo un experto en economía polluna. ¡Hasta ya sabe calcular el valor de una obra civil en pollos!

– Bueno, yo calculo suponiendo que cada pollo vale diez dólares.

– Siempre y cuando no sean pollos con mal…

– A lo mejor fue de esos pollos los que le dieron al señor prefecto y le hizo mal al estómago, y por eso es que no les arregla la vía. Siendo ese el caso… ¡Uuu! ¡Ni con treinta mil pollos!

– ¡Nada de eso, compadre! Que los pollos de Cabeceras del Bobonaza son de muy buena estirpe; dignos descendientes del gallo que le cantó a San Pedro.

– ¡Ya, ya! Ya va a empezar con sus exageraciones, compadre.

– Si no son exageraciones; porque además son unos pollos muy inteligentes. Figúrese que son tan inteligentes que en lugar de decir “pi” dicen: “3, 14, 16”.

– ¡Vaya, compadre! ¡Usted siempre con sus chanzas! Pero, dígame una cosa: ¿Y ahora qué va a pasar con ese asunto de la vía?

– ¡Nada! Que ya le han puesto un ultimátum al señor prefecto, como una consigna: “Primero nos cumple y después le damos el pollito”.

– Ese ultimátum está más bien chistoso… ¿No le parece?

– Lo que no está chistoso es que como medida de hecho han cerrado la vía con piedras, palos y hasta con desecho de las gallinas… ¡Ele, hasta eso nomás estaban!

– Bueno, compadre; antes de que me olvide, págueme por el trabajito.

– ¿Y cuánto le debo?

– Ochenta dolaritos nomás, compadre.

– ¡Ele, que’s ps, compadre! ¿Acaso me quiere dejar en la vía? Y peor aún en la vía de Cabeceras… No, compadre, no sea así. A lo sumo le voy a dar cuatro pollos.

– ¿Cuatro pollos? Está bien, compadre; solo por ser usted.

– Entonces aquí tiene esta bolsita…

– Pero… ¡No me diga que en esta bolsita están los cuatro pollos!

– Pues, sí le digo. Nada más que aún están tiernos, tan tiernos que aún no salen del cascarón; es decir que son pollos cero kilómetros…

– ¡Pe… Pero… compadre!

– ¡Nada de peros, compadre! Y eso que yo no le cobro nada por la tremenda clase de Economía Pollítica que le he dado… ¡¿Acaso el conocimiento y la sabiduría no valen nada?!… Ahí nos vidrios, compadre.

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