– ¡Ay, compadre Indiscreto! ¡Qué barbaridad! ¡Qué calores que está haciendo últimamente! ¡Estoy que me derrito!
– ¡Ay Virgen Santa! ¡Tan delicada ella! ¡Está que ya se derrite! Como mantequilla puesta al sol, viene que se desvanece, je, je, je.
– ¡Estoy hablando en serio, compadre! ¡No me venga con sus chistes agrios! Que con este calor estoy que me hierve la sangre… ¡No estoy para sus mofas!
– ¡Pero usted mismo viene con sus ademanes, compadre Ulbio! Que ya me derrito, que ya me deslío, que uyuyuy, poco más y se desmaya en mis brazos, je, je. Y luego no quiere que le diga nada.
– Es un decir, pues! Mejor debería correr a regalarme un vaso de agua se pone a estar molestando.
– ¡¿Que le regale un baso de agua dice?! ¡¿Cómo así, pues?! ¡Acaso que ahora el agua está como para andar regalando! ¡Si el agua ahora está por las nubes,! ¡Cuesta un ojo de la cara y no hay como reglar nada!
– Pero el principio dice: “dar de beber al sediento”, esa es una regla básica de todo cristiano.
– Sí, pero en la época de Jesús el agua era gratis, y cuando nuestro Señor dijo eso no contaba con que el municipio la iba a poner el agua tan cara.
– ¡Usted siempre exagerando las cosas! No hay como creerle nada, compadre…
– ¡No es ninguna exageración! Si quiere vaya y vea usted mismo que se ha triplicado el valor del agua. Antes yo pagaba entre catorce y quince dólares mensuales… ¡Este mes casi me llega a cien dólares! Ahora si se puede decir que estamos con el agua hasta el cuello… pero de pagar.
– ¡Chuta! ¡No haga asustar, compadre! Yo que pago siempre atrasadito, haciendo acumular un poco cada cinco o seis meses. No hace mucho pagué de medio año y me salió como cuarenta dólares.
– ¡Mejor vaya y pague rápido! Cambie el método de pago, que si paga a los seis meses no habrá sueldo que le alcance. Ya le digo, luego no irá a quejarse; que ahora mismo esa oficina de recaudación está peor que merienda de negros; todo mundo gritando, todo mundo reclamando y con justa razón.
-Y, a todo esto, ¿qué responden las autoridades? ¿qué explicación le están dando? ¿cómo así, de dónde acá el agua viene costando tanto?
– La gerente de la empresa de agua es la única que salió a decir que era justo y necesario, que el agua de Puyo es la más barata del mundo, que no se ha revisado la tarifa por muchísimos años y que ahora hay una entidad reguladora que les obliga a revisar las tarifas de vez en cuando so pena de una multa.
– ¡Pero… era que suban un tanto por ciento que no afecte al bolsillo de los pobres ciudadanos! Y no como usted dice, con un valor triplicado… ¡En esta economía en la que estamos cualquiera se enoja!
– Si dijo que, aún así con este valor triplicado, el valor del agua sigue siendo subsidiado, que no refleja el valor real de lo que debería haber costado, y que sigue siendo el agua más barata en comparación con otras ciudades.
– ¿O sea que… mejor hay que salir agradeciendo por seguirnos subsidiando? Porque, caso contrario, peor fuera el garrotazo… ¡Bonita la pendejada!
– Pero la culpa no es de la gerenta. Ella solo está acatando. La culpa la tiene el alcalde y sus concejales levantamanos, que fueron los que en definitiva salieron aprobando.
– ¡Eh! ¡Ya apareció el peine! ¡Allá deben ir los reclamos! Era de que por lo menos suban gradualmente, no de golpe y porrazo… ¡Esto más parece paquetazo!
– La verdad es que los alcaldes anteriores, que siempre le apostaron para la reelección, nunca se metían con el agua, precisamente por no causar disgusto y perder los votos. Ahora a este alcalde, como ya no puede reelegirse, no le interesan los votos; entonces dijo: “¡Ahora es cuando!, no hay riesgo político”. Y con sus acólitos que tiene por concejales, que solo pasan levantando las manos, como siempre terminaron aprobando.
– ¿Y la gente que dice? Me imagino que todo mundo estará reclamando, y con justa razón.
– Sí le digo que mientras una fila está para el pago; dos filas, y más largas todavía, están para los reclamos. Por ahí hablaban de una marcha; pero, como dijeron que el agua de Puyo sigue siendo la más barata si comparamos con Quito o con Ambato, parece que los de la marcha se desinfló.
– ¡Que no hablen pendejadas! ¡Cómo van a comparar el agua de Puyo con el agua de Quito! Si el gua de Quito la puedo tomar directamente de la llave porque verdaderamente es potable. Mientras que la de Puyo… ¡¿Quién se atreve?! Tenemos que comprar bidones de agua que, sumando al mes con la planilla nos sale más caro.
– Entonces… ¿se suma a la marcha compadre?
– ¡Que se haga la marcha, compadre! ¡Que guagua que no llora… no toma agua!
¡El agua por las nubes!… y no porque vaya a llover
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