La atención casi total de la pareja: al trabajo, a la profesión y a la obtención de dinero, ha traído como consecuencia el descuido a los hijos.
Junto a la psicóloga clínica Noemí Illescas y el presbítero católico Jorge Pineda, en el set de entrevistas de El Observador, analizamos el lamentable acontecimiento que conmocionó a la opinión pública la semana anterior, cuando se supo del fallecimiento de una joven universitaria a manos de sus propios compañeros estudiantes.
El asunto se torna más perturbador, cuando ninguno de los involucrados tenía antecedentes ni pertenecían a bandas que hayan cometido actos similares en el pasado, si no, que eran jóvenes aparentemente “normales” lo cual es una invitación a reflexionar el punto en el que nos encontramos como sociedad, cuya célula es la familia. La misma se ha resquebrajado, lo que contribuye al crecimiento de las nuevas generaciones, sin valores y con una notable tendencia a normalizar actos agresivos, sexuales y en definitiva de descontrol.
En la época actual, lamentablemente falta conversación. Los progenitores muchas de las veces desconocen los vacíos y los silencios que los hijos tienen. Quienes son sus amigos, el contenido que consumen en redes sociales y más.
La responsabilidad de la formación de los jóvenes, se ha endosado a las instituciones educativas, pero, esta responsabilidad recae en el hogar.
Lastimosamente en la época en que vivimos, los divorcios están a la orden del día, en tanto que los matrimonios sólidos, hay cada vez menos. En este contexto los hijos terminan siendo los más afectados con las rupturas y es frecuente un alejamiento entre padres e hijos, cuando ocurre una separación con la pareja.
Según los documentos de la iglesia católica, la educación de los padres a los hijos, es indelegable. Pero en este tiempo, ese rol ha sido trasladado a las instituciones educativas, a los abuelos, cuya función no es la crianza de sus nietos y en el peor de los caos, los menores de edad, se están formando con base a lo que ven en las pantallas digitales y dispositivos celulares.
El incumplimiento de los 10 mandamientos, así como la inobservación de las leyes y códigos civiles y de urbanidad, están trayendo como consecuencia, una sociedad que va perdiendo valores.
Los adolescentes dan señales de alerta cuando se encierran en su habitación y no quieren salir, no quieren comer, es entonces cuando los padres deben tomar acción. Pero que se puede esperar cuando los niños no están creciendo con sus padres cerca.
Lamentablemente, esto no se remedia de la noche a la mañana, pero un factor definitivo, es el rescate de la familia tradicional, como institución sagrada, como proyecto de vida y de estabilidad emocional.
Tener hijos es una gran responsabilidad, los padres deben ser sabios para impartir disciplina en la justa medida sin exceso de agresividad, pero con la firmeza necesaria. Los castigos de ahora no son necesariamente físicos, lo que la psicología recomienda es privarles de aquello que más les gusta.
Nuestros invitados coincidieron en que ningún adolescente es malo, pero hay que enseñarles virtudes como el respeto, la cortesía, la honradez, la templanza, la generosidad y cultivar alguna forma de arte o deporte para que la mente esté ocupada en algo positivo. Dejarles que estén todo el día en el celular es contraproducente porque están adoptando una narco cultura, cuyas consecuencias ya se empiezan a sentir.
