Por: Edwin Mosquera G.
De un avión de origen gringo se observa un sujeto que desciende con una mirada fija y desafiante, que para muchos es inconmovible, diabólica, penetrante con actitud impertérrita, cerebral, calculadora e inconmovible frente a la figura de autoridad a su alrededor.
Pues sí, es José Serrano, el patucho Serrano, para mí el mejor ministro que ha parido el Ecuador, para otros el maldito enano, y para algunos el, al fin cayó el desgraciado ese.
En el País de Manuelito es costumbre hacer leña del árbol caído, pero este personaje en particular, es no solo un objetivo del gobierno, si no la cajita de Pandora para algunos que posiblemente en momento de su arribo se comieron las uñas toda noche sin poder pegar los ojos.
Hay un refrán popular que dice, deje quiero lo que está quieto, hay sujetos con menores capacidades, casi nulas diría, que han tenido poder por el cargo que ejercen, pero hay personas que tienen poder no solo por el cargo momentáneo, si no por todo lo que conocen, y saben cómo manejarlo.
Indistintamente de su posición política última que le llevó a ser acreedor del título de traidor, hay que reconocer que lo que no tenía en estatura lo tenía en huevos, recuerdan una de las historias más trilladas de la suela de su zapato en el cuello de JR, eso demuestra mucho de los alcances y límites de una personalidad desafiante y sin remordimiento.
Ahora bien, que pasa con la verdad de su extradición, no fue pues gestión diplomática del gobierno nacional, o la alerta roja internacional, a él lo capturaron como un simple ecuatoriano más que violo las condiciones de estadía en el país del norte, en donde que el famoso ICE lo remitió a su país por su condición irregular migratoria.
La cárcel del encuentro se ha convertido es la estantería de un niño malcriado, en la que tiene sus súper héroes y villanos en su colección privada, exhibiendo sus trofeos políticos, casi todos dentro de procesos de investigación y caí ninguno con sentencias, entonces es un centro de privación de la libertad o su Freak shows personal con el cual se masturba los fines de semana, quién sabe con algún fetiche o introduciéndose determinado objeto.
Indistintamente de los hechos o actos que se le acusa, toda persona tiene derecho a defenderse y a no ser prejuzgado y menos por una tarea de ignorantes que a duras penas terminaron el colegio y ahora se creen los Zaffaronis del país y ya pretenden juzgarle y condenarle cuando ni siquiera se le ha notificado con el proceso.
El poder es efímero y la condición humana jamás se la debe perder, no por el qué dirán de las personas, si no por convicción personal. Esperemos que en un futuro no muy lejano también extraditen a estos súper ministros con complejos mesiánicos y al otro patucho cocainómano, ojalá que ahí si no les tiemblen las huevas y con lágrimas en los ojos balbucearan, perdón.
