Edwin Mosquera G.
Las nuevas designaciones, en las cuales está metiendo mano el gobierno, se han visto reflejados tanto los concursos de méritos y oposición, así como en los de designación por voluntad popular.
Entonces, ¿para qué concursar? Sí, el mérito está sujeto a una bandera política o el ser afín un partido político que minimiza la formación práctica, experiencia y se está sobreponiendo al estar o no en el padrón de la lista de afiliados políticos.
Con los antecedentes ocurridos en la fiscalía General del Estado, es cuestionable la futura designación más aun teniendo en consideración que sería la segunda autoridad que ingresa a esta institución y no por sus méritos, no por su formación más bien por caerle bien al gobierno de turno.
Entonces para qué participar en un concurso, para qué pretender una contienda electoral cuando se sabe que no se están validando los requisitos si no solo el color de la camiseta bajo este criterio, entonces el gobierno de turno debería colocar, pues a sus fiscales, jueces, prefectos, alcaldes, presidentes de las juntas, parroquiales, en fin, a toda autoridad que él crea y vea necesario para seguir con su deplorable proyecto de gobierno.
El adagio popular dice pan y circo por el pueblo, lamentablemente para este caso no hay pan y el circo está protagonizado siempre con los mismos payasos.
La selección de una autoridad de control o a su vez de una autoridad que imparte justicia no tiene que estar sujeta al color de una camiseta si no a su capacidad, indistintamente cual sea su posición política, basada solo en el cumplimiento de sus deberes no se agachar la cabeza, como que fuera una hacienda bananera.
