Por: Edwin Mosquera G.
La ironía de la vida, según los reportes gubernamentales, describieron el despliegue como un fuerte contingente y mega operativo conformado por decenas y centenares de policías y militares.
Este dispositivo de seguridad se instaló en los exteriores de la Clínica Alcívar, al sur de Guayaquil, durante el traslado de emergencia del alcalde Aquiles Álvarez desde la Cárcel del Encuentro por complicaciones en su vesícula y posterior intervención quirúrgica.
El operativo incluyó el cierre total de las dos calles aledañas al centro de salud para garantizar la custodia del funcionario ante la aglomeración de simpatizantes y por razones de seguridad personal.
Pero, asombrosamente a Jipson José Peñafiel Magallanes alias «El Flaco» o «Camaleón», vinculado a una red de narcotráfico de la mafia albanesa y a Los Lagartos, se le asignó un custodio del SNAI, el cual después indicó que se había fugado.
Aquí hay que hacer un punto para señalar que se entiende que una persona se fuga cuando tiene que hacer un esfuerzo físico o intelectual, a fin de ejercer su propósito, ya sea esquivando un control o simplemente eludiendo parte de su guardia, más no se puede indicar o categorizar como fuga al salir caminando de un centro de atención médica, con tranquilidad y a decir de los testigos, sin ninguna preocupación alguna.
Asumo que dicha paz y tranquilidad reflejada en ese lento, caminar paso a paso, era parte de su proceso analítico regresivo para poder dar su testimonio dentro de la investigación que se le imputaba, pero sorprendentemente salió escoltado desde el centro de privación de la libertad y después abrió sus alas hacia la libertad desde el centro médico, en donde hubieron atendido su dolencia.
Cómo se puede entonces decir que no hay una persecución política, sí a ciertos privados de la libertad los abanderan con policías y militares por el riesgo de fuga en su traslado para otros, aún más peligrosos, basta y sobra un agente penitenciario para que custodie su atención médica.
No quiero imaginarme la cara del ministro del interior cuando se enteró de la supuesta fuga por lo menos debe haber padecido una terrible jaqueca, sino que también una diarrea cerebral que se verá reflejado, en los próximos operativos y malos procederes característicos de este tipo.
Sin afán de proteger a ningún privado, la libertad o a su vez imputado por el cometimiento de una infracción penal, si hay que recalcar la diferenciación en el trato a los mismos que dice mucho sobre la violación de sus derechos y la protección hacia los testigos en grandes procesos contra del crimen organizado que más parece que quienes tienen que controlar los están protegiendo.
