Inicio Opinión ESTO TAMBIÉN PASARÁ… “En tiempos de coronavirus, la disciplina es la palabra clave”

ESTO TAMBIÉN PASARÁ… “En tiempos de coronavirus, la disciplina es la palabra clave”

por Andres Ortega

Por: Lic. Gustavo Tuston

“Coronavirus”, es quizás la palabra más leída, más escuchada y más expresada, por la gran mayoría de ecuatorianos, en el mes de marzo, del año 2020, mes y década que sin duda alguna pasará a los anales de la historia.

Llegó de forma inesperada. Se han tomado medidas rápidas como rápido está creciendo el número de casos confirmados.

Para quienes bordeamos las cuatro décadas de vida, recordamos que el mundo ha sido azotado por varias enfermedades y epidemias a través de los años. Las más sonadas en su momento fueron: Cólera, sida, gripe aviar, gripe porcina y chikungunya.

Las primeras enfermedades tenían factores de transmisión que de cierta manera eran más controlables por cada persona, ya que el cólera ingresaba por la boca y consumir agua y alimentos bien cocidos era la mejor medida. Tener relaciones íntimas con protección, fueron los elementos primordiales para evitar el temido sida, en tanto que, la gripe aviar se transmitía por contacto directo de las personas con las aves.

La gripe porcina era más peligrosa porque se contagiaba entre personas por vías aéreas superiores, al igual que la enfermedad del momento conocida científicamente como Covid-19, con la cierta ventaja, que con las gripes había un poco de memoria inmunitaria por haber estado expuestos a otros miembros de la familia de la AH1N1.

Si nos remontamos a lo largo de la historia, citaré tres pandemias que azotaron especialmente a Europa y China. La viruela que causó más de 300 millones de víctimas, el sarampión que se llevó a más de 200 millones a la otra vida y mucho más antigua, la peste negra que cobró 75 millones de vidas (dos terceras partes de la población de aquel entonces).

La desafortunada característica del COVID-19, es ser una enfermedad infecciosa nueva para el organismo, causada por el coronavirus, también descubierto recientemente. Justamente, el nuevo virus, así como la enfermedad, eran desconocidos antes de que estallara el brote en Wuhan (China) en diciembre de 2019.

Su transmisión es rápida, invisible, por contacto con gotículas respiratorias, más que por el aire. También, por tocar objetos o superficies contaminados y luego tocarse los ojos, la nariz o la boca.

Al respecto, el gobierno nacional, tomando como referencia a la creciente ola de contagiados en países como Italia y España, ha ido aplicando progresivamente medidas contundentes. Decretó el estado de excepción y hasta hemos llegado al toque de queda, como nunca había ocurrido. La medida de tratar de evitar que la gente salga de la casa, es justificada por ser la única y mejor forma de prevención.

El asunto se torna por demás preocupante cuando el vicepresidente de la República Otto Sonenholzner manifestó que: «Si vamos con este nivel de aceleración y no lo frenamos, en dos semanas ya no hay camas» en los hospitales.

Estas declaraciones, con base a las cifras oficiales. Los casos de gente contagiada van en aumento, en pocos días pasamos de 37 casos (domingo) a 58 (lunes) de ahí 111 para el martes, mientras que el miércoles, amanecimos con 155 pacientes positivos con la enfermedad.

En este período, la disciplina es la palabra clave para acatar las disposiciones de las autoridades y atender los consejos en cuanto a higiene y limpieza.

En este contexto, considero que, este tiempo exacto en la historia, nos da la oportunidad para hacer votos de humildad y ser conscientes del delicado equilibrio que tiene la vida.

Tantas veces nos hemos dejado llevar por el odio, por el egoísmo, por la ambición desmedida, por intereses particulares, por lineamientos de carácter político. Hay quienes viven sus vidas sin ningún propósito, sin siquiera tener planes para sí mismos.

Hay quienes viven como si no fueran a morirse y se mueren como si no hubieran vivido. Viene a la memoria aquella frase de los miércoles de ceniza “de polvo eres y a polvo volverás” ahora es el momento de analizar y comprender la profundidad de esas palabras. De hecho, con o sin virus, un ser humano, rara vez vive más de cien años. Nuestro paso por la vida, es realmente corto.

Pero mi mensaje no es de alarmismo, sino de estoicismo (sabiduría y dominio del alma), para que aprendamos a afrontar las adversidades que se presentan en la vida. Para que la humanidad no se crea omnipotente, para que en el futuro a corto plazo seamos más fuertes y ojalá más sabios.

Ánimo amigos (as) saldremos de esta. Esto también pasará…

Deja un comentario

* Al utilizar este formulario, usted acepta el almacenamiento y el manejo de sus datos por parte de este sitio web.